sábado, 7 de julio de 2012

Tú eres Barcelona

Manolo era un chico que escribía como terapia. Elaboraba un código y unos símbolos que, mezclados, tenían su propio lenguaje. Pero no nos engañemos: no dejaban de ser una terapia emocional. Por las noches hablabamos de la literatura y su engaño, de la grandeza de los que saben y el camino que habían seguido hasta llegar a la cumbre. Entre cervezas y otro tipo de bebidas nada aconsejables nos perdíamos en los vericuetos de un nihilismo que nos devoraba el corazón. Ahora escribe novelas del oeste, ya sabéis el tono, con sus protagonistas y antagonistas bebiendo, también, whisky fabricado en una bañera.

Arantxa tenía un corazón y una mente de oro que entendían todo y todo lo daban a sus hermanos. Implacable con las castas inferiores, era asiduamente juzgada de fascista. Yo intentaba poner un poco de cordura y ninguno entendía que nadie puede leer ruso si no entiende el alfabeto ruso. Con un talento natural para las relaciones humanas, en su luna creciente nos reunía con la diversión y la curiosidad como telón de fondo. Yo sé que aún ni ha salido del lugar de origen en comparación con lo que tiene que vivir durante el tiempo que le queda y, mejor aún, no lo sabe. Será genial cuando aprenda a ahorrar y se compre una Reflex.

Sergio era un muchacho al que le hacía falta escribir como terapia, pero que antes tendría que aprender a escribir. Con serios problemas de inteligencia emocional (un inválido, ya sabemos todos de lo que estamos hablando), tenía el corazón recubierto con una capa de aluminio inoxidable por fuera y lleno de cocido de pollo por dentro. Un artista de la publicidad, destacaba por sus notables capacidades de ilusionista y arquitecto de emociones que no duraban mucho más de un día en pie. Esto provocaba una actividad mental incesante que le mantenía a un nivel altísimo, casi profesional, en el campo del dibujo técnico y la alta costura.  Ahora, en un sobresaliente impulso modernista, ha dejado el sol inmóvil a punto de ponerse y el jardín sin agua en las fuentes esperando a que las plantas se sequen y el árbol se caiga. En una entrevista reciente en el New York Times ha declarado: "La vida es una lucha de egos en la que siempre gano yo".

Después vinieron todas esas nubes, lluvia y sol que yo anuncié cuando el mundo era posible. La vida se abrió paso en las páginas en blanco y de qué forma. Las dimensiones de esta aventura homeriana son tan grandes como la razón. Y como, por suerte, esta es tan grande que nadie puede poseerla por completo; estos nueve meses me pertenecen en este límite físico que es la mirada. Fui Dios, Don Quijote y tantos otros, en el mecanismo natural de los hombres que crean y destruyen en todos los ámbitos posibles de la comprensión que se aspira a alcanzar. Después vinieron todas esas bocas y ojos, oídos y manos: Park Güell, Sagrada Familia, Arenas, Metro de Barcelona, Santa Eulalia, Tallers, El Bisbe, Universitat, Gràcia, Torre Agbar, Montjüic, Bac de Roda, Mundet.

Eva es una chica que llegó a Barcelona el 15 de Mayo. Hablamos. Viajamos. Vivimos un mes juntos. Ella tiene la llave que cierra el círculo de la mentira que ha sido Séneca. Ahora todo ha vuelto a su lugar original y duerme a 35 metros de mi cama. Cerca del cielo.