Cómo mentir de Séneca
jueves, 20 de septiembre de 2012
Epílogo
Y de nuevo la llegada de alumnos que estudiarán en la ciudad un año llenan el aeropuerto, las calles del centro, los bares por la noche. Cada rincón es una nueva América que añaden al mapa de sus territorios. Asterión embistiendo más allá del Carrer del Bisbe. Cada uno descubriendo un techo por las noches que ya lleva mucho acogiendo almas pasajeras sin saberlo. Eucalión lanzando piedras en el baño sucio de un bar mugriento. Viviendo cada uno su silencio eterno de las mañanas, los primeros días de clase. Sísifo saliendo del metro frente a Casa Batlló con una mochila en la espalda. Aprendiendo el juego de la comida y el dinero; esa distracción adulta que hasta entonces habíamos tenido vedada. Diana en la ducha, observada por Acteón desde el piso de enfrente. Todos en nuevos frentes, ampliando el ratio de sensaciones que uno puede llegar a experimentar. Mercurio ebrio enviando un mensaje de móvil a Baco: "Frent a la pedrera de fiestukiii, m gustaria q stuvieses aqi, 1 abrazo!!" ¿Saben donde se meten cuando han llegado? No, no lo saben. Los nuevos caminos serán con el tiempo los viejos caminos y la piedra no se moverá por otro lugar. Las mismas costumbres en diferentes espacios. Los estudiantes que llegan a Barcelona caminan por El Prat con el paso firme de la certeza como bandera; lo que han dejado atrás ya no importa. Ahora son Jasón cerca de encontrar el vellocino de oro.
viernes, 20 de julio de 2012
Fin de la historia.
Vivir se abre camino
en otros senderos.
"Si me quedaran fuerzas me pondría a llorar".
Esto es algo así como una despedida.
en otros senderos.
"Si me quedaran fuerzas me pondría a llorar".
Esto es algo así como una despedida.
sábado, 7 de julio de 2012
Tú eres Barcelona
Manolo era un chico que escribía como terapia. Elaboraba un código y unos símbolos que, mezclados, tenían su propio lenguaje. Pero no nos engañemos: no dejaban de ser una terapia emocional. Por las noches hablabamos de la literatura y su engaño, de la grandeza de los que saben y el camino que habían seguido hasta llegar a la cumbre. Entre cervezas y otro tipo de bebidas nada aconsejables nos perdíamos en los vericuetos de un nihilismo que nos devoraba el corazón. Ahora escribe novelas del oeste, ya sabéis el tono, con sus protagonistas y antagonistas bebiendo, también, whisky fabricado en una bañera.
Arantxa tenía un corazón y una mente de oro que entendían todo y todo lo daban a sus hermanos. Implacable con las castas inferiores, era asiduamente juzgada de fascista. Yo intentaba poner un poco de cordura y ninguno entendía que nadie puede leer ruso si no entiende el alfabeto ruso. Con un talento natural para las relaciones humanas, en su luna creciente nos reunía con la diversión y la curiosidad como telón de fondo. Yo sé que aún ni ha salido del lugar de origen en comparación con lo que tiene que vivir durante el tiempo que le queda y, mejor aún, no lo sabe. Será genial cuando aprenda a ahorrar y se compre una Reflex.
Sergio era un muchacho al que le hacía falta escribir como terapia, pero que antes tendría que aprender a escribir. Con serios problemas de inteligencia emocional (un inválido, ya sabemos todos de lo que estamos hablando), tenía el corazón recubierto con una capa de aluminio inoxidable por fuera y lleno de cocido de pollo por dentro. Un artista de la publicidad, destacaba por sus notables capacidades de ilusionista y arquitecto de emociones que no duraban mucho más de un día en pie. Esto provocaba una actividad mental incesante que le mantenía a un nivel altísimo, casi profesional, en el campo del dibujo técnico y la alta costura. Ahora, en un sobresaliente impulso modernista, ha dejado el sol inmóvil a punto de ponerse y el jardín sin agua en las fuentes esperando a que las plantas se sequen y el árbol se caiga. En una entrevista reciente en el New York Times ha declarado: "La vida es una lucha de egos en la que siempre gano yo".
Después vinieron todas esas nubes, lluvia y sol que yo anuncié cuando el mundo era posible. La vida se abrió paso en las páginas en blanco y de qué forma. Las dimensiones de esta aventura homeriana son tan grandes como la razón. Y como, por suerte, esta es tan grande que nadie puede poseerla por completo; estos nueve meses me pertenecen en este límite físico que es la mirada. Fui Dios, Don Quijote y tantos otros, en el mecanismo natural de los hombres que crean y destruyen en todos los ámbitos posibles de la comprensión que se aspira a alcanzar. Después vinieron todas esas bocas y ojos, oídos y manos: Park Güell, Sagrada Familia, Arenas, Metro de Barcelona, Santa Eulalia, Tallers, El Bisbe, Universitat, Gràcia, Torre Agbar, Montjüic, Bac de Roda, Mundet.
Eva es una chica que llegó a Barcelona el 15 de Mayo. Hablamos. Viajamos. Vivimos un mes juntos. Ella tiene la llave que cierra el círculo de la mentira que ha sido Séneca. Ahora todo ha vuelto a su lugar original y duerme a 35 metros de mi cama. Cerca del cielo.
Arantxa tenía un corazón y una mente de oro que entendían todo y todo lo daban a sus hermanos. Implacable con las castas inferiores, era asiduamente juzgada de fascista. Yo intentaba poner un poco de cordura y ninguno entendía que nadie puede leer ruso si no entiende el alfabeto ruso. Con un talento natural para las relaciones humanas, en su luna creciente nos reunía con la diversión y la curiosidad como telón de fondo. Yo sé que aún ni ha salido del lugar de origen en comparación con lo que tiene que vivir durante el tiempo que le queda y, mejor aún, no lo sabe. Será genial cuando aprenda a ahorrar y se compre una Reflex.
Sergio era un muchacho al que le hacía falta escribir como terapia, pero que antes tendría que aprender a escribir. Con serios problemas de inteligencia emocional (un inválido, ya sabemos todos de lo que estamos hablando), tenía el corazón recubierto con una capa de aluminio inoxidable por fuera y lleno de cocido de pollo por dentro. Un artista de la publicidad, destacaba por sus notables capacidades de ilusionista y arquitecto de emociones que no duraban mucho más de un día en pie. Esto provocaba una actividad mental incesante que le mantenía a un nivel altísimo, casi profesional, en el campo del dibujo técnico y la alta costura. Ahora, en un sobresaliente impulso modernista, ha dejado el sol inmóvil a punto de ponerse y el jardín sin agua en las fuentes esperando a que las plantas se sequen y el árbol se caiga. En una entrevista reciente en el New York Times ha declarado: "La vida es una lucha de egos en la que siempre gano yo".
Después vinieron todas esas nubes, lluvia y sol que yo anuncié cuando el mundo era posible. La vida se abrió paso en las páginas en blanco y de qué forma. Las dimensiones de esta aventura homeriana son tan grandes como la razón. Y como, por suerte, esta es tan grande que nadie puede poseerla por completo; estos nueve meses me pertenecen en este límite físico que es la mirada. Fui Dios, Don Quijote y tantos otros, en el mecanismo natural de los hombres que crean y destruyen en todos los ámbitos posibles de la comprensión que se aspira a alcanzar. Después vinieron todas esas bocas y ojos, oídos y manos: Park Güell, Sagrada Familia, Arenas, Metro de Barcelona, Santa Eulalia, Tallers, El Bisbe, Universitat, Gràcia, Torre Agbar, Montjüic, Bac de Roda, Mundet.
Eva es una chica que llegó a Barcelona el 15 de Mayo. Hablamos. Viajamos. Vivimos un mes juntos. Ella tiene la llave que cierra el círculo de la mentira que ha sido Séneca. Ahora todo ha vuelto a su lugar original y duerme a 35 metros de mi cama. Cerca del cielo.
domingo, 13 de mayo de 2012
Aforismo
El cielo es una carretera vacía en la que vas montado en bici.
Es verano y estás rodeado de árboles por todas partes.
El infierno es el cielo, una semana más tarde.
Es verano y estás rodeado de árboles por todas partes.
El infierno es el cielo, una semana más tarde.
sábado, 12 de mayo de 2012
La vida le dio a la inversa
Era mediodía. Entonces saltó desde el balcón al vacío. En segundo lugar clavó su mirada en un punto del pavimento y acto seguido se agachó, como supe después, para quitarse las zapatillas. Primero vaciló, ahora mirando al salón, ahora a la calle. Salió al balcón de la casa y puso la foto en una silla. Las esquinas de la imagen se volvían sombras y en el diálogo entre la
foto y él la imagen se volcaba a la derecha y a la izquierda,
respectivamente. La situación pedía ya la lágrima cuando tomó con ambas manos el retrato
de una familia al completo en el que, se supone, estaba él. Dentro de la cocina abría los armarios, llenos de paquetes vacíos e instrumentos ahora inservibles. La ausencia de música era rota por los pasos, rítmicos, del hombre en el pasillo. Entraba al cuarto de baño y olía los botes de champú con verdadera devoción, al parecer estaba solo. El juego de luces y contraluces, del todo irreal, confundía más que aclaraba si era de día o de noche. Un hombre gordo en camiseta interior andaba dentro de un piso como si estuviese perdido. No había revolución posible. No sé si fue por los actores o por la historia, por el orden cronológico
de los hechos o la fotografía, pero a la mitad de la película comprendí
que aquel espacio de tiempo en deuvedé era como todos los demás en
aquel momento y, además, no dejaba de pretender serlo. Estaba sentado en el salón, desnudo, viendo una película que ya no recuerdo.
martes, 8 de mayo de 2012
Tiempo
Porque te veo en todas partes.
Faetón cayendo muerto del cielo.
Me paro en los escaparates y el reflejo de los cristales me hace ver que no estoy solo.
Sócrates diciendo su última voluntad.
Yo pienso que me estoy volviendo loco.
Cristo portando la cruz en el Calvario.
Y me siento ir detrás de cualquier mirada que me reconozca como suyo.
Séneca leyendo su última carta.
Mi pensamiento es una ciudad centroeuropea bombardeada por la Luftwaffe.
Boabdil cruzando el estrecho de Gibraltar.
Mi corazón, como los pulmones, la población desamparada que huye por los caminos.
Colón desembarcando en Cuba.
Porque ya no entiendo nada.
Moctezuma recibiendo a Cortés.
Y estas calles cada vez tienen menos sentido.
Cervantes comiendo, preso, en Orán.
Los recuerdos que alguna vez fueron bálsamo son ahora mi peor pesadilla.
Lope amando.
La paciencia de aquellos días no cabe por esta puerta tan pequeña.
Napoleón viajando a Santa Elena.
Y los hombres siguen gritando, locos, detrás de ella.
Bécquer escribiendo enfermo.
Procuro calmarlos manteniendo silencio, dejando que ellos solos descubran cómo hacerlo.
Galdós soñando con sus enemigos.
Y a veces pienso que es inútil. Porque te veo en todas partes.
Unamuno pensando poco después del golpe.
Una carrera volando sobre un campo de flores azules.
Federico caminando de noche, en un olivar.
Y continúo andando por las calles. Sabiendo que soy uno más de todos ellos.
Luis Ocaña cayéndose en la bajada del Col de Menté.
Que ya es tarde y la solución tendrá que esperar a mañana. Otra vez.
Yo naciendo en Málaga.
viernes, 20 de abril de 2012
L3, Zona Universitaria-Trinitat Nova
Barcelona se siente incómoda cuando la miras a los ojos. Esquiva las miradas, dirige la cabeza al suelo o a un libro que no le importa. Pierde sus pensamientos detrás del cristal o hace ver que no le importas. Barcelona se aburre en los desplazamientos porque no sabe vivir. Yo la miro y sonrío y soy tantas cosas a su comprensión como personas habitan en esta ciudad.
Cuando miro a las personas del metro, por la mañana o por la tarde volviendo a casa, me imagino decenas de vidas cada mañana. Y no solo la vida sino lo que soy para cada una de las personas según su actitud respecto a mis miradas impasibles, fijas e incomprensibles. Los hombres barceloneses no muestran curiosidad y al primer cruce de miradas no vuelven a fijarse en mí más; para ellos soy un enemigo más en esta jungla que es la gran ciudad y no deben dar facilidades. Hay mujeres que sí me miran y dependiendo de su edad o su actitud me imagino unas cosas u otras. Las mujeres mayores que me miran con los ojos abiertos y se sonrojan ante mi constante observación sistemática son mujeres que vienen del futuro y están haciendo una tesis doctoral sobre mi vida en Barcelona y como ya han leído este texto desde hace años quieren aparecer en él. No se atreven a hablar conmigo a pesar de su curiosidad porque les impongo respeto, con estos ojos y esta barba y esa manera de sentarme. Para las madres de familia y las chicas jóvenes soy un impulso imaginativo sin igual. Una posibilidad de amante que las mira con deseo, un novio, un padre de sus hijos, un cuerpo y una mente que las tenga en cuenta y ocupen dentro de sí un gran espacio para la memoria de su existencia, de la existencia de sí mismas en este mundo. Un saco de memoria con oídos que con el tiempo echa flores y regalos y buenas palabras. Para las videntes soy un mesías con el que llevan soñando años, para los carteristas un policía secreta que les sigue de cerca en sus acciones, para los negros una suerte de amigo, para los niños que van en carrito una lengua que sale y que entra y unos ojos que se ponen bizcos y les hace reír. Para los sudamericanos un cabrón más de estos españoles que los explotan y los masacran desde hace siete siglos, para los pobres borrachos un cerdo más en el vagón que va con ellos al matadero, para Chema su carcelero ideal de los viajes. Para todos una esperanza o un temor, un espejo de ellos mismos que les devuelve la mirada con firmeza y con ganas de polemizar, de, como hace Santo Varón, estirar la cuerda hasta que se parta para ver qué ocurre.
Cuando salgo del vagón al laberinto que son los pasillos del metro, cuando salgo al laberinto mayor que es la ciudad, ya sea yendo a casa o a la universidad, voy sonriendo mirando al frente sabiendo que no soy nada de eso, sabiendo que lo único que hago en esta vida es ser amigo de Cristian Alcaraz.
Cuando miro a las personas del metro, por la mañana o por la tarde volviendo a casa, me imagino decenas de vidas cada mañana. Y no solo la vida sino lo que soy para cada una de las personas según su actitud respecto a mis miradas impasibles, fijas e incomprensibles. Los hombres barceloneses no muestran curiosidad y al primer cruce de miradas no vuelven a fijarse en mí más; para ellos soy un enemigo más en esta jungla que es la gran ciudad y no deben dar facilidades. Hay mujeres que sí me miran y dependiendo de su edad o su actitud me imagino unas cosas u otras. Las mujeres mayores que me miran con los ojos abiertos y se sonrojan ante mi constante observación sistemática son mujeres que vienen del futuro y están haciendo una tesis doctoral sobre mi vida en Barcelona y como ya han leído este texto desde hace años quieren aparecer en él. No se atreven a hablar conmigo a pesar de su curiosidad porque les impongo respeto, con estos ojos y esta barba y esa manera de sentarme. Para las madres de familia y las chicas jóvenes soy un impulso imaginativo sin igual. Una posibilidad de amante que las mira con deseo, un novio, un padre de sus hijos, un cuerpo y una mente que las tenga en cuenta y ocupen dentro de sí un gran espacio para la memoria de su existencia, de la existencia de sí mismas en este mundo. Un saco de memoria con oídos que con el tiempo echa flores y regalos y buenas palabras. Para las videntes soy un mesías con el que llevan soñando años, para los carteristas un policía secreta que les sigue de cerca en sus acciones, para los negros una suerte de amigo, para los niños que van en carrito una lengua que sale y que entra y unos ojos que se ponen bizcos y les hace reír. Para los sudamericanos un cabrón más de estos españoles que los explotan y los masacran desde hace siete siglos, para los pobres borrachos un cerdo más en el vagón que va con ellos al matadero, para Chema su carcelero ideal de los viajes. Para todos una esperanza o un temor, un espejo de ellos mismos que les devuelve la mirada con firmeza y con ganas de polemizar, de, como hace Santo Varón, estirar la cuerda hasta que se parta para ver qué ocurre.
Cuando salgo del vagón al laberinto que son los pasillos del metro, cuando salgo al laberinto mayor que es la ciudad, ya sea yendo a casa o a la universidad, voy sonriendo mirando al frente sabiendo que no soy nada de eso, sabiendo que lo único que hago en esta vida es ser amigo de Cristian Alcaraz.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)