viernes, 11 de noviembre de 2011

Búnker de El Carmel

Pienso en el Abraham fallido. Voy camino de la versión barcelonesa de Monte Victoria. Tarareo 'My way', versión de Elvis. ¿O no? También anda por mis labios 'Seronda', de Nacho Vegas. Camino y camino, busco la calle clave; estoy en El Carmel. 'Yo ya he estado aquí, Marsé me trajo de la mano'. Los amores de aquel verano, el Pijoaparte, charnego, malagueño como yo, aunque de la serranía. Los pasos se vuelven abruptos, lejos de cualquier civilización: al borde del búnker espera, desde hace bastante tiempo, Barcelona. 'Welcome to the jungle, chaval'.

El concierto de Explosions in the Sky fue una pasada. Dos horas con los pelos de punta en un teatro de cuando Perry Mason era estudiante de Derecho. Hubiese soñado desde hace varios años presenciar algo así y lo conseguí. Antes de que comenzase el concierto, la forma de la construcción me sugirió una frase: Barcelona es un teatro que tiene las piernas abiertas con el sexo tan rojo como el telón de fondo. Álejandro Caña y sus chicas. A decir verdad, hubiese pagado mucho más por ese concierto. 'Buenas noches, Barcelona. No sé hablar mucho español, así que empezemos'. La escena entera se volcó en los recuerdos, en Málaga. Otra frase cruzada, en este caso, soñada: 'En la soledad de la memoria me pierdo'. ¿Ulises? El 206 bajando de los cielos hasta llegar a La Goleta, atravesando El Molinillo de la abuela y subir por calle Ferrándiz. Todo no ha hecho más que comenzar. La música marca el ritmo del coche, como cuando entonces; El Morlaco y el fotolog, la inspiración que se gesta detrás de las curvas del Limonar, de El Cerrado Calderón. Los paseos eternos, los descubrimientos. La compañía no fue siempre un problema, como en el teatro, no pasaba nada si me iba solo. 'Joder', escucho; yo derrapo en el Alto de Parque Clavero y me doy cuenta de que entre Nacho y Adrián de la Rosa hemos instaurado un sistema propio de nombres para designar las calles: la rotondita, Alto de Rodeo, Parque Penumbra, Tobogán feliz, Alto de Croasa, mirador del 'Cerrao', Monte Victoria, mucho más atrás, Monte Sancho y el arroyo que salpica. La primera juventud, el mundo que se esconde detrás del volante. Subo, también, a Santopítar dejando de un lado la palmera triste del desvío y vuelvo cayendo por la Venta del Mirador. 'Ya estaba todo escrito', me digo, 'ya no hay más que el recuerdo y la posibilidad de volver, con las nuevas ruedas y las nuevas inspiraciones'. Y aunque las vea no serán las mismas porque ahora tengo unas gafas nuevas que se perdieron todas estas aventuras pero han ganado otras. La parada obligatoria en la puerta de casa Antonio. La sombra de la antena y las bolsas de plástico que nos asustan. Las luces de los coches que arrojan desnudeces a la oscuridad.


¿En qué pensaba el Arcángel que debía evitar el sacrificio? Pobre hombre. ¿Dónde está Nabokov para escribir otra Lolita? Supongo que no podía hacer aparecer ningún cordero atascado en las ramas de algún arbusto. ¡La modernidad ha sido! Sépanlo. Cambian de tercio, es decir, de canción y se me cruza otro pensamiento. La estadística. Es verdad que pensé en ir al búnker desde el concierto, porque pensé en cómo debería afrontarlo desde un punto de vista bloguero. No hay parón entre canción y canción, las empalman como cigarrillos y las queman, una detrás de otra. ¿Cómo habré llegado hasta aquí? Las mismas preguntas que con los siete lugares que seleccioné en un primer momento. Málaga es un laberinto de pensamientos humanos, un hedor de muerto que está limpio y el sudor caliente de los veranos. ¿Cuántos años llevará esto construido y cuánto habrá esperado para que llegue yo aquí? Yo he tardado veintitrés años en llegar, y de qué manera.


Vuelvo al Búnker, recuerdo, aún mejor, algunos detalles del concierto. ¿Es que nadie entiende? No creo que deba ser el único en el mundo que ha pensado que el ser humano lo único que hace es repetir patrones hasta la extenuación, y sin darse cuenta. La teoría de Darwin sobre la evolución de los animales sirve, también, para explicar el desarrollo del pensamiento humano a lo largo de los siglos (desde que el pipí es pipí). Así que un animal, antaño esbelto, puede que por las vicisitudes y necesidades se haya ido adaptando a las circunstancias eliminando ciertos 'placeres' y ventajas físicas y al final lo que nos encontramos es con una cucaracha, un piojo que ve las cosas muy grandes y sabe mucho sobre poco y nada sobre mucho. Guadalupe en clase grita despavorida: José Arcadio Buendía. La Arcadia perdida, las edades de oro y plata y bronce que ahora son barro. Tampoco es tan difícil. ¿Y los histéricos? Dejarán de existir tal y como no existieron. El consumidor del siglo XXI es un inválido emocional y que suele escribir en los periódicos. 'A un público se le puede educar, lo que no se puede hacer es corregir el mal gusto'. El hombre globalizado ve los siglos anteriores desde el conocimiento, como veo yo Barcelona desde el búnker de el Carmel o Málaga desde Monte Victoria. Tiene otro nivel, pienso. Ahora reúne y tiene la capacidad de asimilar siglos de tradición en una sola vida. Si es capaz de dar con la tecla correcta podrá seguir avanzando en las alturas de las montañas. Nunca alcanzará el cielo, si es lo que estáis pensando, es decir, como yo he pensado. Pero en esas se mueve. ¡Otra! 'Incertidumbre en nuestras vidas', que alguien responde con 'el único sentido de una vida es buscarle sentido'. Y por estadística, alguno tendrá que llegar y que pulse en el sitio correcto. Como las palomas de Skinner, como Marco Pantani subiendo Hautacam.

Ahora me siento en el suelo, quiero reconocer el skyline de la ciudad. No hay nadie aquí, estoy solo. ¿Y si me matan? ¿Qué pensaré? ¿Será un animal? ¿O será como yo? Concilio de Trento, Torre de Agbar, Sagrada Familia, Torres Mapfre, Paseo de Gracia, Ramblas, Hotel Barceló del Raval, Montjuic...Puede que me caiga y me mate yo solo. Uno menos comiendo atún de los mares. ¿Te imaginas a Teresa aquí con Manolo? Los niños jugando a tirar piedras; o mejor aún, los niños caminando, a pleno sol, por las vías de un tren que nunca pasa. La moto robada, la vida robada del Pijoaparte yendo al chalet de la playa, aún ebrio, aún con agujas en la lengua. ¡William Golding! Ese es el nombre. Y Claramunt, Montse Claramunt. El lunes me hago una foto en Muntaner, 38. Hace frío.

El concierto de Explosions terminó muy pronto. Yo creía que iba por la mitad. Los guitarristas, lo de siempre, hacían el amor con la guitarra pero el orgasmo era eterno. 'Música, esa forma extraña de tiempo'. El Málaga jugando y yo escuchando Your hand in mine. Creo que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto. Y las vistas de Barcelona...los textos entrecruzados, las líneas que no se cruzan. Ya mismo me voy a ir. 'Vitorio, ¿nos vamos?' Me voy al metro. 'Un segundo, que voy a ir al servicio'. La niña sacrificada no podrá ver nada de esto. Ni podrá leer. Y el Abraham fallido se las tendrá que ver con la justicia terrena.Enlace

2 comentarios:

  1. No tengo sombrero. Voy a por un bombin, a esta hora (12:19 am), todas las tiendas de sombreros cerradas: encuentro una. Un tipo oscuro con dientes amarillentos me vende un sombrero de copa, me lo quito y salen un conejo, una paloma y un quinteto de cuerda.

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  2. :) Muchas gracias, Pilar! Lo mejor de las horas intespestuosas es que las historias que cuentan también lo son...Un abrazo!

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