-¡Niña Wenne!
-¿Qué dices, majadero?
Corro por unos pasillos oscuros recogiendo las pistas que alguien dejó aquí hace mucho tiempo o hace un momento. Todo esto parece un laberinto, me siento como una marioneta a la que manejan desde arriba, encontrándome a la merced de mis enemigos. Aquí no solo hay un minotauro, aquí hay cuatro minotauros de colores. "¡Corre!", escucho de lejos. A veces huyen de mí, cuando tengo en mi poder la bola mágica con la que los puedo matar. Pero luego resucitan.
Aunque el color de mi piel sea el amarillo y mi forma propia, redonda como un sol, a veces me imagino como el Cid, o como un Blade Runner contra las cuerdas cuya gabardina se va moviendo al son de los pasos de sus perseguidores. Cada vez que me encuentro encerrado tras una estrategia de los fantasmitas lo pienso, ¿habré llegado hasta aquí para morir? Tantos laberintos pasados y otros muchos destruidos; la velocidad de mis acompañantes fue siempre un problema, aunque no tanto como lo fueron mis recuerdos. ¿Qué señal es la definitiva que me va a indicar la muerte? En el ocaso del sol me vi muchas veces en Monte Victoria. Ahora estoy en Montjuic. ¿Tan lejos de casa, tan lejos de mis recuerdos? Corro en busca de otra bola de poder, mi destino me empuja a ciertos pasillos donde no encuentro nada para evitar encontrarme con mis enemigos.
¿Será la muerte como una puñalada? Ahora sí sé que voy a morir. No estoy seguro de cuál es el recuerdo que debo vivir antes para morir más tranquilo, así que sigo corriendo, me faltan pocos pasillos para acabar con el laberinto. Encuentro una bola mágica, mato a tres enemigos, ¡eso me dará más tiempo! Recuerdo aquél atardecer en Santiago, con la catedral al fondo, hablando de Pedro Páramo y otras cosas que ya no me importan. El paseo, largo paseo, por el Morlaco, mientras llovía. El Morlaco. ¿Porqué he tenido que venir tan lejos para morir? El verdadero objetivo es superar el récord. Oigo pasos detrás de mí...
-¿Qué estás murmurando?
-¿Qué?, ¿yo? Nada.
-Te estoy oyendo...tu solo te montas tus películas.
-¿Que qué? Nada estoy jugando un poco al...¡ah!, ¡no!
-¿Qué pasa?
-Que me mataron, niña Wenne.
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