Podría haber llenado la pizarra de citas célebres varias veces por cada clase. No importa que el tamaño de las letras en el encerado fuese del 14 o el 32 (Times New Roman, se entiende). En Literatura (G7), los chicos son todavía precoces en la lectura y necesitan unas nociones básicas para no perderse, para no confundirse en el espeso bosque, en el intrincado laberinto de las voces humanas. Desde la literatura es mentir bien la verdad, pasando por la literatura es palabra en el tiempo; un sueño dirigido, que decía el maestro, sin olvidarnos de no existen genios sino obras maestras o hay momentos para recitar poesías y hay momentos para pelear; hasta llegar a la historia es una pesadilla de la que intento despertar- dijo Steve.
A veces me resulta conmovedor, y tremendamente aburrido. Los ejercicios perfectos de los genios donde no hay heridas mortales ni fetidez. Los ejercicios ascéticos de los críticos y sus tendencias histórico mentales que beben de otros que no se preocupan, para nada (aparentemente) de lo que puedan opinar. Cuando voy por la décima cita empiezo a caminar por otro sendero y me veo escribiendo febrilmente durante horas. Encerrarme en casa frente al ordenador para escribir historias de las que yo ya me sé el final para, finalmente, supongo, publicar y recibir elogios de unos y de otros. Un año encerrado para que vengan tres sin entrar en casa. Me veo victorioso, en la cumbre de mis pensamientos, arquitecto de intrincados mecanismos de ejecución lógica que los lectores usarían para comprender, o no, mejor el mundo. El ascensor, el ruido de las llaves. La épica del hombre moderno, la soledad y la anacronía (no necesariamente por este orden cronológico, aunque sí de importancia). Para entonces ya sumo otra cita en la pizarra, y esta es propia aunque plagiada, el mundo es un todo formado por diferentes partes. ¿Cómo habré llegado hasta aquí? Marcelino se esfuerza con bromas. Parece que no todos comprenden.
Entonces recuerdo que hay otras formas de hacer homenajes (apuntar para la novela del Tour). Miro por la ventana y veo de nuevo el castaño que mueve las hojas a cámara lenta. Un hombre que está amarrado en el tronco con la mano en la cara, pensando, dubitativo. Las hojas que empiezan a marchitarse, como el verano, y a caer y llenar las escaleras y los pensamientos de hojarasca. Y el tiempo que pasa desde que las hojas nacen, crecen, maduran y se marchitan. Si los árboles gritaran de dolor cuando los cortan de algún modo, ¿los vegetarianos serían asesinos? No estoy seguro. Y el castaño mueve, de nuevo, las hojas a cámara lenta y yo pienso, también, de un modo menos rápido.
La clase ríe. Presto atención un par de minutos y, ¡voilá!, una novela, para no recuerdo qué tendencia crítica, es un automóvil en el que el conductor es el escritor, los pasajeros los lectores, y el paisaje que se ve tras los cristales lo que nos quiere enseñar el autor. Y recuerdo un texto escrito para clase de Pilar sobre el transporte público que derivé, precisamente, de ese modo. ¿Perspectivismo innato? Me corrijo de nuevo, amigo: adquirido tras 11 años de siglo XXI. A fin de cuentas, lo anacrónico e intemporal de Chema no es más que un piso más arriba en la historia reciente de occidente. Menuda estafa. Lo de las citas, digo.
PD: Una más, la última: si la fotografía llegó a tiempo para salvar a la pintura de la literatura (Picasso dixit), el cine llegó a tiempo para salvar a la literatura de la imagen.
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