martes, 4 de octubre de 2011

Santo Varón

He conocido, por fin en el imaginario particular, a Santo Varón. Un hombre notorio por su carácter vicioso e inmoderado. A veces no cae bien, a veces, sino siempre, es un bocazas que dice lo que no tiene que decir en los momentos más inoportunos. Las bromas de mal gusto, al más puro estilo YogurConejo, sobrecogen corazones y reciben exclamaciones.

Santo Varón es un fetichista de los pelos. Sí. Hay pelos del cuerpo que le gustan más, y otros que le gustan menos. Empecemos desde abajo. El vello que crece del ombligo hacia abajo no merecen el mínimo interés: en los dedos de los pies crecen tres pelos mal contados que no merecen atención y están siempre cerca del suelo; los de las piernas, aunque pocos, son morralla, largos, finos y muy numerosos, sin ningún tipo de interés cultural; y el púbico es demasiado obvio, con demasiadas connotaciones ajenas a su propio devenir, es decir, el sexo. Como en la barriga, el pecho y la espalda no tiene, podemos pasar directamente al pelo de los sobacos: zafios y de malgusto, solo sirven para ser cortados de vez en cuando. Ahora eso sí, los pelos de la barba se acercan más al ideal de vello que persigue Santo Varón, cuando están cortos son una delicia y, una vez arrancados, puedes pasártelo por los labios y sentir el ligero toque de un robusto pelo, acto que nuestro hombre odia y ama con toda su alma. Pero si hubiese un pelo perfecto, un pelo que cumple todas las expectativas que uno puede esperar de un pelo, ese es el pelo que crece dentro de la nariz. Santo Varón se deleita cuando uno sale por las aletas un milímetro. Lo arranca, que no lo corta (¡sacrilegio mayor!), y, aunque estornude, lo chupa, lo mira, se lo pasa por los labios y se queda embelesado con las cosquillas que puede proporcionarle en esa, y otras zonas de su cuerpo.

Pero si hablamos de Santo Varón en su plenitud, no podemos hablar de otra cosa que no sea sexo. Si en su lugar de origen ya mostraba maneras de un gran donjuán, según me contaba en sus mútliples cartas, emails, mensajes al facebook y llamadas telefónicas, aquí en Barcelona el ave que se había ido gestando, encontró grandes espacios para liberar las alas y probar las estrategias desarrolladas previamente, pero ahora en grandes superficies. De la Kalúa de Teatinos pasamos a la parada de Urgell; del Morlaco a las plazas de toros que parecen paradas de metro. La máxima de nuevos planes, idénticas estrategias llevada al extremo.

El afán de actividad que mueve el corazón de Santo no es otra que la necesidad de búsqueda. El sentido de una vida que no tiene sentido es buscar una dirección. Y eso, nuestro compañero, lo sabe muy bien. A pesar de que se equivoca cuando compra y no tiene medida para la comida y de repente aparece en casa con un kilo de pimientos, busca la manera de gastarlos para no tirar nada a la basura. A pesar de que trata a todos con cierto desdén, considero que esa posición no es más que una pose, un muro de defensa ante una realidad que puede dañar las partes más blandas. Como se defiende el ermitaño en diferentes conchas a lo largo de su vida, Santo Varón utiliza, a veces, las palabras. A muchos les sienta mal, pero no se han parado a comprender nada, ni siquiera a ellos mismos.

Y habrá muchas historias que contar, estoy seguro. Lo que pueda, lo transcribiré aquí, torpemente. Los sueños, los paseos, las luces y los barrios atravesados por las chicas. Las chicas. Las mujeres que traen loco, excitado, imparable, a Santo varón.

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